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Moria Millán: “El Gobierno de Macri ha presupuestado nuestra muerte”

El caso de Santiago Maldonado es apenas una muestra con alto seguimiento mediático de un conflicto por la tierra y la cultura que afecta a cientos de miles de personas en Argentina y Chile. Hablamos con la líder mapuche Moira Millán sobre los intereses económicos sobre las tierras que han habitado los pueblos originarios y la persecución por parte del Estado y los terratenientes.

Moira Millán, militante mapuche y feminista de la comunidad de Corcovado, en la provincia patagónica de Chubut, denunció en su paso por Madrid la campaña de persecución que este pueblo originario sufre por parte del Gobierno de Mauricio Macri. También describe con detalle el escalofriante panorama de la implantación de los “dueños de mundo” en estas tierras, espacio tradicional de vida de los pueblos mapuche. En esta entrevista para El Salto, Millán explica el contexto en el que se produjo la desaparición y muerte de Santiago Maldonado, en ese ámbito privilegiado de negocios de poderosos intereses, reserva estratégica de recursos energéticos, minerales, acuíferos y de implantación militar estadounidense.

Hace algunas semanas advertías de las amenazas que estabas recibiendo, en un marco de gran aislamiento.
Sí, tremendo. Recibo todo tipo de amenazas, hasta de muerte. Llegaron a tirar en la puerta de mi casa una pobre zorra, a la que habían torturado antes de matar. Un claro aviso de advertencia. Vivo en un territorio recuperado, parte del que nos fue arrebatado. No hay usurpación como dice el Estado huinca [blanco]. La titularidad la tiene la Policía de la Provincia de Chubut. Ellos pretendían en esas 150 hectáreas hacer un complejo turístico para oficiales. Recuperamos el lugar y ahí constituimos una comunidad mapuche que hemos convertido en un santuario natural. En estos 17 años eso se ha puesto muy bonito, hay pumas, gatos monteses, cóndores, que se habían ido y ahora retornan.

¿Cómo fue el proceso de expoliación de esos territorios?
La Pacificación de la Araucanía en Chile y La Conquista del Desierto en Argentina fueron iniciativas de dos Estados diferentes, ambos igualmente racistas y hegemónicos, para someter a la nación mapuche, quitarle su identidad y desde allí empieza el reparto de nuestros territorios. Dejaron a nuestro pueblo en una completa miseria de la cual no hemos salido aún. Ha sido una política de Estado sistemática. El presidente Alvear [1922-1928] aprobó una ley por la cual los mapuches no podíamos poseer más que una cantidad exigua de animales. Decían que si teníamos más iríamos a atentar contra la soberanía nacional.

¿Con qué criterio distribuyó las tierras el Estado argentino después de La Conquista del Desierto?
Esta distribución favoreció a familias patricias que fueron cómplices del genocidio. Algunas todavía detentan el poder, como es el caso de los Bullrich. La ministra de Defensa de Argentina, Patricia Bullrich, es descendiente de esos criminales. En el Patio Bullrich de Buenos Aires, ese gran shopping del barrio de La Recoleta, antaño se subastaban esclavos mapuches para la servidumbre en las estancias.

¿Cuántos mapuches han desaparecido o han sido asesinados en los últimos años?
Solo en la provincia de Chubut, en los últimos 30 años, tenemos 145 desaparecidos. Y estamos hablando sólo de las que llegan a tribunales. Hay otras que no son denunciadas, los pueblos originarios no tienen el mismo acceso a la justicia que los ciudadanos argentinos.

¿Y por qué sólo se ha visibilizado la desaparición y muerte de Santiago Maldonado?
Eso tiene que ver con el desconocimiento y aislamiento de la lucha del pueblo mapuche, esa construcción de la otredad, del “bueno, esto les está pasando a ellos, no a nosotros”. Hasta que de pronto, un joven argentino, solidario, que se identifica con la lucha del pueblo mapuche es reprimido del mismo modo criminal que venimos sufriendo nosotros y desaparecido. Esto activa rápidamente una sensibilidad que remite a la última dictadura militar y dispara la preocupación de la sociedad argentina, la lleva a rememorar las desapariciones forzadas. Y empiezan a ver que la lucha del pueblo mapuche es contra las transnacionales y el latifundio, y las barbaridades que están haciendo las corporaciones extractivistas. Recién ahí reacciona y dice “ah, es que los mapuches están poniendo el cuerpo en la defensa de los territorios y por eso Santiago desaparece, por apoyarlos”.

Con la “aparición” del cuerpo de Santiago, Macri manda dos mensajes: uno al pueblo argentino y otro a los mercados y las transnacionales, avisa que va a tener mano dura frente a la demanda de derechos del pueblo mapuche.

A propósito de invisibilizaciones, ¿quién es Facundo Jones Hualá?
Es un hermano mapuche de la zona. Toda su familia es de la comunidad de Cushamen. Es lonko [líder] de una comunidad que se llama Pu Lof de Resistencia Cushamen, que ha recuperado territorio a Benetton y que a partir de eso ha sufrido una tremenda represión del Estado. Se encuentra preso en Argentina, injustamente porque ha pasado por un proceso legal del que salió absuelto. No obstante, el Estado chileno pide su extradición. Intentan volver a juzgarlo por los mismos  —supuestos— delitos de los que en Argentina se había demostrado que era inocente. Esto se hace por presión de los Gobiernos argentino y chileno. Está preso en la Unidad 14 de la ciudad de Esquel.

¿Qué es lo que está en juego hoy en esas tierras? ¿Qué hace que hoy sean disputadas?
El territorio mapuche es estratégico en términos económicos y geopolíticos. Despierta el interés no solo del empresariado argentino, sino del mundo. Allí hay gas, petróleo, minería, recursos forestales, acuíferos, a partir de los hielos continentales. Todo eso hace que la Wall Mapu [territorio que los mapuches] se convierta en un objetivo de los grandes poderes extractivistas del mundo.

En la provincia de Neuquén está Vaca Muerta, un reservorio de petróleo muy importante en el que pretenden hacer fracking. Es una especie de caja de ahorro petrodependiente muy fuerte. También tenemos importantes yacimientos de oro, pero quizá lo más importante es el agua. Dicen que se va a terminar antes el agua que el petróleo y nosotros tenemos allí glaciares, lagos, ríos, agua potable. Y por esa agua vienen. El pueblo mapuche es un obstáculo para ellos, estamos impidiendo que se desarrolle el extractivismo. Primero porque nuestra lógica no es capitalista, nosotros creemos que el valor sagrado es la vida, no la propiedad. Esas cosas no se venden, no tienen precio. No hay posibilidad de negociar con nosotros. Entonces, el único camino es eliminarnos, porque no pueden neutralizarnos mediante la cooptación.

En segundo término, hay una herramienta legal que es el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), de 1989, y también la Constitución Nacional que plantea en el artículo 75 que somos preexistentes. Ambas reconocen nuestro derecho al control del territorio, a que se nos consulte y se nos informe previamente sobre los proyectos, y nuestro derecho a negarnos.

¿Tienen importancia esos instrumentos jurídicos?
Sí, porque para que esas herramientas legales queden sin efectos, ellos necesitan ir configurando un escenario que pueda caracterizarse como de terrorismo, de situación bélica. Entonces quedarían habilitados para aplicar la Ley Antiterrorista. Se configuraría un Estado de excepción y se suspenderían los derechos y garantías. Entonces el Gobierno actuaría sobre los territorios. Para poder aplicar la Ley Antiterrorista, necesitan tener el consenso social y para obtenerlo precisan mentir, construir un enemigo interno inexistente, necesitan fabular acciones conspirativas de supuestas células terroristas que no existen.

Entonces se trata de crear todo un circo mediático con mercenarios de la comunicación, periodistas y medios que van comprando. En Argentina no ha quedado ningún medio alternativo de importancia. Sólo algunos medios comunitarios, que también están recibiendo amenazas, como por ejemplo la radio FMA de El Bolsón. Todos los que integramos la disidencia estamos en la mira y podemos ser el blanco de una próxima desaparición, muerte o encarcelamiento.

¿Cuándo se aprobó esa Ley Antiterrorista?
Viene de antes. Se aprobó durante el Gobierno de Cristina Kirchner. Entró en el Congreso y el Senado, y desafortunadamente ‘nuestros’ representantes la aprobaron. El Gobierno dijo que los presionaron. Por eso hay que entender también que este modelo de democracia, de los Estados nación, está obsoleto. La democracia representativa, esa que nos quiere hacer creer que cada cuatro años elegimos algo, no es más que una patraña de los detentores del poder mundial. Y luego esas personas que llegan al poder debiéndole favores a cada una de estas empresas enormes que les han financiado sus campañas, asumen el poder y establecen a rajatable la agenda a la que se comprometieron antes de ganar.

A propósito, el Gobierno argentino los acusa de intentar crear un Estado independiente en el interior del territorio nacional. ¿Qué responderías a esto? 
Estamos a favor del derecho a la libre determinación de los pueblos y el pueblo mapuche es una nación sin Estado. Queremos que se nos reconozca el derecho a organizarnos en nuestros territorios de acuerdo a nuestros principios y decidir bajo qué formas hacerlo. Tal vez como confederaciones de naciones, o bajo otras modalidades diferentes. Será nuestro pueblo quien lo decida y para ello es decisivo llegar a un consenso de cohabitabilidad entre los pueblos originarios y el pueblo argentino.

Me contabas de los intereses cruzados que había en esas tierras. Hablabas de Vaca Muerta, de la existencia de riquezas auríferas y del agua. ¿Hay más cosas?
Sí. Ahí hay latifundios, que son una suerte de estados feudales posmodernos. Señores multimillonarios, algunos de ellos muy famosos como Luciano Benetton, Ted Turner, propietario de la CNN, el inversionista George Soros, Suchard, están allí financiando el aparato represivo. El Estado argentino pone a disposición de ellos toda la estructura de defensa de “la soberanía” para que defienda y proteja la propiedad privada de estos multimillonarios. Son partidas presupuestarias que le faltan a la salud, a la vivienda, a los derechos elementales de los pueblos, para hacer una política belicista a favor de estos multimillonarios y contra el pueblo mapuche.

Tanta asimetría social, estas diferencias, estos mundos completamente contrapuestos, dejan en evidencia que no es posible una cohabitabilidad. No puede haber punto de encuentro ni paz social, cuando el Estado privilegia por sobre todas las cosas la acumulación, la especulación y el beneficio de los opresores, contra la inmensa mayoría que estamos muy mal. Fundamentalmente los pueblos originarios. Porque también es una agenda diferente la nuestra, donde “la noche oscura” lleva más de 500 años.

¿También hay intereses geopolíticos?
Sí. La Wall Mapu va desde el Pacífico al Atlántico. Hay convenios bilaterales entre los Estados argentino y chileno para maniobras militares. Y ahora los estadounidenses quieren tener una base allí para cerrar el continente. Es estratégico para ellos. Para ir acostumbrando a la gente empezarían con desembarcos de marines en la Base Almirante Zar, de Trelew [en la costa atlántica de Chubut], para luego emplazar esta gran base de EE UU, prácticamente una ciudad.

¿Han hecho algún movimiento?
El Congreso y el Senado aprobaron, casi que de forma unánime, el desembarco de los estadounidenses que  empezaría en diciembre. Es tremendo, porque además hay mucha desinformación. No son solamente maniobras militares de entrenamiento sino que esas naves serán los famosos “barcos de contención clandestina”, que hemos visto en otras partes del mundo, verdaderas bases de EE UU en las que se cometen flagrantes violaciones a los derechos humanos. Además, donde hay bases estadounidenses hay violencia sexual, tráfico de todo tipo. Y, como se consuman dentro de unidades navales militares de EE UU —al haber convenios multilaterales— no hay modo de entrar, ni hacer allanamientos o investigaciones. Tienen inmunidad diplomática. Estamos haciendo una campaña de concientización para impedir esta locura. Mi gran temor es que Santiago Maldonado sea sólo el primer desaparecido de una lista que pueda llegar a venir.

De lo que has contado podría deducirse que el empeño del Gobierno en controlar este territorio, así como el asesinato de Santiago Maldonado, tienen como telón de fondo este entramado de intereses.
Totalmente. Y creemos que es necesario abrir la mayor cantidad de puertas, de amplificar nuestra voz, para avisar de lo que está sucediendo. Y hacerlo en el exterior porque dentro del país se están cerrando todos los medios, porque a los que no consiguen cerrar los compran. Y a los que no compran ni cierran los amenazan o los boicotean, entonces se hace muy difícil que el pueblo argentino sepa lo que está sucediendo allí.

En 2011, el Gobierno de Cristina Fernández propuso una ley por la cual sólo se podrían vender hasta 1.000 hectáreas por cada propietario extranjero, sea persona física o jurídica. Y que no más del 15% de tierras rurales pudieran estar en manos de extranjeros. ¿Sirvió esa iniciativa?
Fue una ley bastante insuficiente porque el problema es el latifundio. Y esa ley no sirve para conjurarlo. Yo puedo ser una extranjera, contrato a algunos testaferros nacionales y compro un montón de tierras. Si tienes dinero y eres argentino puedes comprar todo lo que quieras. El problema es justamente ese, el acaparamiento de las grandes extensiones de tierra en pocas manos y el resto sin posibilidad de acceder a ellas. Y en el caso del pueblo mapuche y de los pueblos originarios en general, es el derecho legítimo y preexistente que tenemos sobre los territorios, y eso no se ve respetado para nada.

¿Qué tratamiento estáis recibiendo los mapuches por parte del gobierno Macri?
El Gobierno de Macri ha presupuestado la muerte contra nosotros, se empeña en hacer una segunda Campaña del Desierto. Con dinero público está financiando una política belicista contra el pueblo mapuche, una cacería. Yo vengo a pedir solidaridad internacional, caravanas a nuestros pueblos, a nuestras comunidades para que —como observadores— vean lo que está sucediendo. A mí me amenazan de muerte. Algunos pergeñan encarcelarme.
También lidero un movimiento de mujeres originarias en Argentina, constituido por 36 naciones que hemos consensuado el ‘buen vivir’ como derecho. Lo entendemos como la recuperación de esta armonía, de reciprocidad para con la naturaleza. Y esto es muy molesto para el poder. Y como no me pueden comprar, ni cooptar y como no les es fácil acallarme, me quieren matar.

¿Y para qué has venido hasta aquí? ¿Qué esperas conseguir?
El extractivismo, el modelo capitalista, por más progresista y reformista que sea, no tiene cabida. Venir acá es buscar de manera desesperada el apoyo de los pueblos. No creemos en los Estados, ellos son cómplices de la muerte, del dolor y flagelo que sufrimos. Creo en la solidaridad de los pueblos, en su capacidad de articularse, de tramar sueños. Y que pongamos por encima de todo ser guardianes de la vida. También porque no hay mucho tiempo, fíjate el cambio climático y la degradación del planeta. El tiempo que nos resta para evitar el aniquilamiento de la humanidad lo tenemos que emplear con mucha sabiduría.

Foto. David Fernández. 

Vengo en busca de eso, de lazos solidarios para enfrentar a este enemigo común. Y tengo esperanza de que algo encontraré acá. Hay que pensar el arte de habitar de una manera muy diferente a como hemos venido viviendo durante estos siglos de imposición colonial. Generar una conciencia distinta que irá a parir una nueva sociedad que definirá el nuevo orden político, económico y social.

Creemos que va a haber una transición en la que tiene que haber programas de reconversión económica, energética, de transporte, de la salud, de la educación. Hemos echado a volar nuestra imaginación y esos sueños fueron plasmados en un anteproyecto de Ley del Buen Vivir, que presentamos en 2015 en el Congreso de la Nación, en Buenos Aires. La jornada no fue cubierta por ningún medio, ni de la oposición ni del oficialismo. Fue un hecho histórico y nadie se enteró. Conmovía ver a las mujeres, que somos estigmatizadas, discriminadas, entrar no a mendigar ni a pedir nada, sino a proponer un camino de plenitud y la esperanza de hacer nacer un nuevo país.

FUENTE: Resumen Latinoamericano/ El Salto/

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