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La independencia ha llegado: Todos somos catalanes y catalanas

Por: Carlos Aznárez. Catalunya vive un día histórico, la Independencia es una realidad contra viento y marea. Con coraje y racionalidad, ya que saben lo que ahora está por venir por parte del gobierno español, los parlamentarios de la nueva República Catalana decidieron seguir adelante con la propuesta de Juntos por el Sí y la Candidatura de Unidad Popular (CUP), y por 70 votos a favor contra 10 negativos y dos en blanco decidieron ratificar lo que ya había sido votado masivamente el 1 de octubre en el referéndum.

Los abrazos emocionados en la calle, el agitar de las banderas, las consignas de “Independencia, Independencia”, mientras miles de voces entonaban el Himno catalán de “Els Segadors” fueron la respuesta esperada a esta decisión trascendental.

No fue nada fácil llegar a este momento, son siglos de resistencia pacífica, reivindicando la identidad con memoria por todo lo que ha significado la ocupación borbónica iniciada en 1714. Son años de trabajo y militancia incansable para que la población catalana defienda en la práctica su reivindicación de la propia lengua, siempre reprimida brutalmente por los españolistas, que como hicieron con los vascos y vascas, llegaron a prohibir hablar en catalán y sancionaban a quienes lo hacían con golpes, cárcel y hasta asesinatos durante la época del franquismo.

Es un largo período de tiempo en que las fuerzas independentistas afrontaron, poniendo el cuerpo como lo hicieron el pasado 1 de octubre, la embestida represiva durante el franquismo pero también en tiempos de la farsa democrática. Así, a lo largo de los años conocieron la prepotencia de Guardias Civiles y policías fascistas españoles, asesinando, clausurando locales, ilegalizando fuerzas políticas, atacando los símbolos patrios o como en su momento hizo el juez Baltasar Garzón enviando a la tortura y a la cárcel a cientos de independentistas.

A pesar de ello, el pueblo catalán optó casi siempre por la lucha pacífica, aunque también incursionó por corto plazo en la lucha armada a través de la organización “Terra Lliure” (Tierra libre), experiencia que culminó con muchos de sus militantes en prisión, pero sus ideales sembraron una semilla para que nacieran varios de los grupos independentistas más combativos. Esta opción por la vía política, que en otros momentos parecía imposible de llevar a cabo teniendo en cuenta la fuerza del enemigo que se enfrentaba, fue calando poco a poco en los catalanes y catalanas y ahora se ven por fin resultados de éxito inequívoco.

Tampoco fue fácil poner de acuerdo a los propios independentistas, ya que entre ellos confluyen aquellos que como los de la CUP aspiran a una República cuyo punto final sea el socialismo, con otros ligados a Juntos por el Sí, de tendencias social demócratas y hasta de centro derecha. Pero todos, absolutamente todos, se daban cuenta que sólo unidos podían llegar a este momento que se festeja. Esa unidad se fue gestando entre las fuerzas políticas, haciendo concesiones unos a otros, sin renunciar a los principios fundamentales que pasan por romper amarras con un Imperio y una monarquía que ha ido sangrando económica, política y culturalmente a cada uno de sus territorios colonizados. Pero el gran acicate de esta decisión independentista no estuvo en las instituciones sino en la calle. Allí sí había claridad de decisión para lograr la independencia y no dar ni un paso atrás. La movilización popular se convirtió en una imagen repetida, hasta que se llegó a esa jornada potentísima del 1 de octubre, día del Referendum que abrió las puertas a lo logrado hoy en el Parlamento: Más de dos millones de personas reiteraron sus deseos de libertad y autodeterminación.

La decisión de independizarse también apuntará a corto plazo a generar simpatías en otros territorios de los llamados Paisos Catalans, como Valencia, Islas Baleares y Catalunya Norte (este último dominado por el régimen francés). Pero además, esta corriente de ruptura de cadenas, es seguida atentamente por los pueblos vascos, andaluces, gallegos, canarios y un largo etcétera de esa coalición involuntaria de países oprimidos que dice llamarse España. Ni qué decir de lo que hoy estarán mirando admirativamente desde Europa, pensando en engrasar las maquinarias para recorrer un camino parecido. Como bien dice el analista vasco Iñaki Gil de San Vicente: “La dignidad es contagiosa”.

Ahora, como siempre suele ocurrir con estos procesos liberadores (al igual que se vivió en Latinoamérica ante episodios similares) empieza la parte más difícil de esta historia. “España”, hoy gobernada por el fascismo del PP, Ciudadanos y el PSOE, y contando con la vergonzosa complicidad de los mal llamados “progres” de Podemos (su líder Pablo Iglesias declaró que la independencia es “ilegal e ilegítima”), han reafirmado la orden de guerra a la joven República Catalana. Para eso aplicarán el artículo 155 de abierta intervención de todas las instituciones catalanas con “manu militari”. Los empresarios corporativos hacen más de lo mismo, retirando sus dineros mal habidos hacia otras tierras que les permitan seguir robando plusvalía a las y los trabajadores con total impunidad. Los medios hegemónicos se suman a la criminalización y vienen generando corrientes de opinión adversas a la independencia, así como en América Latina atacan a progresistas y revolucionarios.

La receta que se va a poner en práctica ahora es la habitual en un imperio brutal y despótico. Primero fue el Rey que lo sentenció y ahora Rajoy que lo reafirma: “restableceremos el orden porque este es un país serio”. Un eufemismo que en lengua hispana significa que se abrirán las puertas a la represión más descarnada. La de sus tropas de asalto “legales” y la de sus parapoliciales que ya tienen implantados en territorio catalán y que en días pasados desfilaron vivando a Franco, a la Falange y hasta a los legionarios españoles que asesinaron a miles de africanos en tiempos de la dictadura.

Frente a esos procedimientos, el independentismo catalán debe conservar la cabeza fría, el corazón caliente y prepararse para resistir en todas las instancias. Tiene experiencia para hacerlo, posee una causa justa que lo respalda, y la fuerza juvenil de la CUP y de todos los integrantes de los Comités para la Defensa del Referéndum. Pero también hay que contar con las y los trabajadores que ya están pensando en una huelga general, lo mismo que harán, sin duda, las y los estudiantes. En todos ellos, en su lucha permanente, habrá que confiar para que todo lo ganado no se pierda, sin dejar de lado la necesaria solidaridad internacional con la República Catalana para que Rajoy y sus aliados no se salgan con la suya. La legalidad de todo lo actuado está en el pueblo movilizado que no quiere monarcas ni virreyes. Hoy, sin ninguna duda, todos y todas somos catalanes y catalanas. ¡Visca Catalunya lliure! ¡Viva Catalunya libre!.

FUENTE: Resumen Latinomericano

 

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